19 jun 2017

Disfruta Boyacá, las maravillas naturales

Paipa, Boyacá

Sin duda, uno de los departamentos más hermosos de Colombia, con paisajes inigualables, gastronomía exquisita y gente muy amable es Boyacá.


Ubicado en el centro del país, en la región andina, y conocido como el departamento de las maravillas naturales por sus montañas, lagos, desiertos, parques y pueblos; Boyacá cuenta con decenas de lugares maravillosos para recorrer en poco tiempo (dos o tres días), de fácil acceso y de muy bajo presupuesto como el Puente de Boyacá, el Pueblito Boyacense, el Desierto de La Candelaria, el parque natural de El Cocuy, la laguna de Tota, el Pantano de Vargas, los termales de Paipa y pueblos coloniales como Villa de Leyva, Ráquira, Iza o Monguí.

Así que comencemos con una ruta desde Bogotá hasta la laguna de Tota con paradas respectivas de ida y regreso en algunos de los lugares ya mencionados.


Laguna de Tota
La famosa y bella laguna de Tota, con sus más de 3.000 metros de playa blanca, es el lago más grande de Colombia. Esa, en la que cada foto se convierte en postal, está ubicada (aproximadamente) a 200 kilómetros de Bogotá. Es un cuerpo de agua tranquila, azul, infinita y muuuy fría (jamás entenderé cómo la gente se baña ahí). Está rodeada de montañas verdes y florecidas que hacen de este uno de los paisajes más bonitos y ‘quita-aliento’ que jamás veré.

Pero, ¿cómo se llega hasta ese lugar de cuentos?


En bus: desde el terminal del norte en Bogotá se toma un bus con destino a Sogamoso (dos horas y media, más o menos). De allí salen colectivos a Aquitania y Tota; y para llegar al lugar de la foto solo hay que decirle al conductor "en Playa Blanca".

En carro: en este caso el recorrido será ‘directo’ y de aproximadamente cuatro horas, saliendo por la autopista norte en Bogotá y pasando por Paipa, Sogamoso, Iza, Cuitiva y Tota, para llegar finalmente a Playa Blanca.

Al viajar en carro lo ideal es madrugar e ir sin afán para hacer paradas en cada uno de los pueblos que menciono y, sin excepción, desayunar en Ventaquemada con una rica y típica arepa boyacense.

En la laguna hay zona de camping y cabañas privadas, pero lo que en mi viaje hicimos fue llegar hasta allá, llevar comida para un picnic, pasar la tarde y regresar cuando caía la noche a Iza, otra maravilla poco conocida.

¿Por qué? Simplemente porque si bien la laguna es hermosa, está muy llena todo el tiempo ¡muuucha gente! (en especial los fines de semana y aún más si son festivos), mientras que Iza es un pueblo pequeño, acogedor, tranquilo y más barato.

Así que sobre las 6:00 de la tarde arribamos a Iza, nos instalamos en un hospedaje previamente reservado en Airb&b recomendadísimo y salimos a disfrutar del pueblo. Comida, bebida y sobre todo postres… de todos los colores, texturas y sabores, pues estando allí cuando descubrí que Iza es como el paraíso, conocido a nivel nacional como el pueblo de los postres en Colombia.


Pueblito boyacense
Al día siguiente la salida de Iza fue sobre las 11:00 de la mañana tomando de regreso un desvío hacia Duitama para visitar el famoso Pueblito Boyacense: se trata de una urbanización de casas habitadas donde han recreado, a gran escala, algunos de los pueblos insignias de Boyacá como son Ráquira, Villa de Leyva, Tenza y Moniquirá; y donde también es posible encontrar comidas, bebidas, postres y artesanías típicas de la región. Es sin duda uno de los planes más bonitos, divertidos y enriquecedores a nivel cultural para realizar en Boyacá.











El Pueblito Boyacense abre sus puertas todos los días a partir de las 8:00 de la mañana. La entrada tiene un costo de $1.000 y el parqueadero $1.500.

Al salir de allí, tomamos otro desvío, esa vez con destino a Paipa para visitar el famoso e histórico Pantano de Vargas: un monumento imponente ubicado a 12 kilómetros del centro del pueblo y con el que se le hace homenaje a las tropas que lucharon en la liberación en la época de la colonia.

Pantano de Vargas


Estar allí no tiene ningún costo. El lugar está lleno de historiadores que de manera lúdica y con trajes típicos recrean la batalla que protagonizó el general Juan José Rondón y a sus 14 lanceros; mientras todos los visitantes nos ubicamos alrededor.

Por último, una parada en el lago Sochacota y tomamos camino de regreso a casa después pasar un fin de semana diferente e inolvidable recorriendo los caminos de Boyacá.


Otras actividades recomendadas son:

Recorrer las calles de Villa de Leyva.
Admirar los tejidos en Nobsa.
Comer morcilla en Sutamarchán.
Comprar artesanías en Ráquira
Caminar por las calles de Chiquinquirá.

Fotos: archivo personal.

1 jun 2017

Barcelona y el pescador de sonrisas


“Vengo acá todos los días desde hace 11 años”, fue lo que mencionó Don Emilio, sin levantar su mirada, al sentir mi presencia en su lugar habitual de pesca: un puerto en la playa de Bogatell de la concurrida Barcelona.

Y es que fue imposible no acortar distancia, caminar hacia él y ser testigo en primer plano de la pasión y alegría con la que este, un hombre de aproximadamente 73 años, ejercía su labor. Su sonrisa era inocente, su mirada estaba llena de paz y sus palabras, de principio a fin, las sentí tan arrulladoras como las olas del extenso y cálido Mediterráneo que teníamos de fondo. 


Me habló de los peces, de las carnadas, de sus compañeros los pescadores y de las delicias que prepara su esposa con todo lo pescado. “Cuando pica uno pequeño prefiero regresarlo al mar para que crezca un poco más”, pues en su 'afán' de pescar Don Emilio se toma su tiempo y como si se estuviera lucrando por cada pez que saca, tiene una meticulosidad admirable: “primero que todo, según el viento, selecciono la vara con la que voy a trabajar, la instalo, armo mi carnada, lanzo y me dedico a esperar”, ¡y vaya que espera!

Entre todos estos cuentos de carnadas, peces, comida y mar pasaron 15 minutos desde que tiró su caña y me notó cerca; él, sentado en unos incómodos cuartones de madera y yo mal-acomodada en el suelo del puerto, esperando ansiosa que al fin sacara un pez. 



“Yo aprendí que la vida no tiene prisa, que somos nosotros los que se la ponemos. Por ejemplo, tú ahora tienes mucha prisa, quieres que saque uno ¡ya!, pero eso solo sucederá cuando ambos (el pez y yo) estemos listos”, y al robarme una sonrisa culposa con sus sabias palabras, un pez, repentina y coincidencialmente, pico. “Este será para la cena de mi esposa, mi apetito es mayor”.

Nunca me preguntó quién era yo, qué hacía en su ciudad o por qué le hacía tantas preguntas; solo dijo, cuando ya yo me marchaba y el sol empezaba a ponerse, “ahora cuentas con una historia más”, como si supiera que más allá de conocer y fotografiar lugares, lo que amo es hablar con todo el mundo y coleccionar experiencias, pues aprendí que es en ellas (las experiencias) en lo que se mide la verdadera riqueza del ser humano.

Don Emilio: un viejo sabio… un pescador de sonrisas.

Fotos: archivo personal.