Había llegado el día de cumplir grandes sueños. Nueva York me esperaba.
Estaba a tan solo minutos de soñar con los ojos abiertos, de materializar un objetivo, de hacer Check a una cosa más en mi lista de Things To Do. La espera fue eterna, de casi 26 años, pero el plazo se cumplió. Así que con mi maleta lista (una con pocas cosas porque la lección de viajar ligera ya me la sé de memoria), con un cámara nada ostentosa y con mi pasaporte en la mano, me fui a conquistar NY.
Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá - 21:30
Luego de una larga pero circulante fila en el Counter de Avianca, la señorita que atendía me preguntó lo que preguntan siempre: “hacia dónde se dirige” y “motivo del viaje” pero lo que definitivamente llamó mi atención con cierta gracia fue escucharla preguntarme: “¿viaja con un adulto responsable?”, a decir verdad aún no sé si lo preguntó por lo de adulto o por lo de responsable, pero yo solo di para decirle: “yo soy ese adulto responsable”, revisó mis documentos tratando de ocultar su risa (pasaporte, visa y pasaje), y se dio cuenta que para ese entonces ya tenía yo 25 años y que iba a darle la bienvenida a mis 26 en la Gran Manzana. Registró mi equipaje y me invitó a seguir a la sala de espera número 23 de la terminal internacional de El Dorado. Me despedí de mi mamá, quien atravesó la ciudad entera por llevarme hasta el aeropuerto, y seguí mi camino. Con cada paso me sentía más cerca.
Pasé por emigración, dónde preguntaron de dónde había sacado dinero para viajar, revisaron mi equipaje de mano, retuvieron mi crema dental Colgate Triple Acción que había comprado ese día en la mañana (recomendación: nunca guarden en su equipaje de mano objetos de aseo de gran tamaño, solo permiten pasar los pequeños) y llegué a la sala 23 donde me encontré con una sorpresa: Estado del vuelo: retrasado. Así es, el avión estaba programado para despegar de Bogotá a las 22:13 y sin embargo partimos a las 00:00. A mi nada me importaba, yo solo quería que esa espera corriera y aterrizar en Nueva York.
Al abordar me di cuenta de que el avión no era muy cómodo, dos hileras de tres asientos una a cada lado. Mi silla: 13A (ventanilla). Junto a mi se sentaron un par de señoras de la tercera edad con algo de sobrepeso. Al verlas, no pude evitar sonreír con ironía, pues de inmediato recordé las palabras que tan solo minutos antes de abordar una amiga pronunció: “Caro, tiene que hablar y sonreír al que se siente al lado suyo, uno no sabe dónde va a encontrar el amor”; y bueno, en ese vuelo definitivamente no lo encontré, pero hablé y sonreí.
Lo que presentí al subir al avión se cumplió: no fue un vuelo cómodo. Hizo mucho calor, casi no dormí, vi una película muy regular y por mi ubicación (al lado de la venta) lo pensé más de tres veces cada que quise ir al baño. Sin embargo, estaba siendo feliz.
Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, Nueva York – 05:45
Llegamos a Nueva York. Todo el mundo tiritaba de frío, el invierno estaba anunciando su llegada y la temperatura no superaba los 2o C. La fila en inmigración fue muy larga, y de nuevo las preguntas de siempre: “¿qué viene a hacer a los Estados Unidos?”, “¿cuáles son sus intenciones en este país?”, “¿cuánto tiempo planea quedarse?”, y al final “Welcome to the United States”: ¡lo logré!
Al tomar el Super Shuttle que me llevaría al hostal, solicité al conductor sentarme en la silla de adelante, ahí donde todo se ve. La buseta estaba llena y la última parada fue la mía, pues el JFK está en Queens y yo iba para el Upper Manhattan. No pude evitar dormirme durante el recorrido, pero al despertar viví mi primer Wow neoyorquino.
Abrí los ojos y me encontré de frente con la inmensidad del Downtown, sus edificios gigantes y todo lo que durante toda mi vida había visto en el cine, el internet y la televisión. En ese momento más que nunca amé ser la ultima parada de ese Shuttle, pues tuve mi primer tour por todo Manhattan gratis.
En el hostal me encontré con personas muy amables y prestas a ayudarme. De inmediato me instalé, aun cuando el check-in estaba estimado para el medio día. Era también mi primera vez en un hostal, así absolutamente todo en ese viaje estaba siendo nuevo para mí.
Moría de hambre, tenía mal aliento y no contaba con crema de dientes. Tarea número uno: salir a buscar una. En el camino aproveché para desayunar, caminar por el Harlem, el barrio donde estaba mi hostal, y tomar algunas fotos.
“¿Qué sería lo primero que haría en NY?”, sin lugar a dudas ir a
Times Square. Un consejo para todos los viajeros en NY es compara una Metro Card por 29 dólares para toda la semana, pues sale más barato que adquirir un pasaje por $2,50 a cada rato.
La estación de Subway más cercana a mi hostal (a dos cuadras) era la 125 St. y Times Square está en la 42 St. Así que allá iba. Al llegar y salir del Subway mire a lo alto y ahí estaba yo, en medio de las luces, el ruido y la gente, en el corazón de Times Square y de nuevo Alicia Keys cantó en mi cabeza con más fuerza que nunca: “There’s nothin’ you can’t do”, y fue en ese momento en el que sentí que mi sueño estaba cumplido. Lloré de emoción.
Caminé, caminé y caminé. Admiré sus luces, me reí con su gente, me deslumbré con su grandeza.
Empire State Building, NY – 14:30
Otra recomendación para los viajeros es no dejarse enredar por los vendedores de boletos para subir a lo alto del imponente Empire State, pues en una rápida fila y por $32,00 el billete se adquiere en la taquilla del edifico para subir hasta el piso 86.
Al subir hasta lo más alto de uno de los principales atractivos turísticos de Nueva York mi corazón se llenó de emoción. Sentí el viento helado en mi cara y divise a esta enorme ciudad desde todos los ángulos.
El horario perfecto para subir al
Empire State Building, y a todas las torres de NY, es ese en el que está iniciando a caer el sol, pues se puede apreciar todo tanto de día como de noche sin necesidad de subir dos veces. El E
mpire State Building abre sus puertas todos los días de 8 de la mañana a 2 de la madrugada.
Central Park, 10:00
Un desayuno ‘ligero’ y muy neoyorquino: pancakes con mucho syrup, bacon sin límite y café en exceso para después ir a caminar por el Central Park. ¡Qué mejor manera de iniciar un domingo!
Después, una cita con los personajes más icónicos de todo el mundo y de todas las épocas en el museo de cera de Madame Tussauds ubicado en pleno
Times Square. A decir verdad,
Times Square es un lugar al que los viajeros van a diario, ya sea por gusto o porque su recorrido así lo exige.
Downtown Manhattan, 11:00
La oferta turística en NY es bastante amplia. Variando en horarios, rutas y por supuesto precios. Sin embargo, y lo que muchos viajeros desconocen, es que también los hay GRATIS. Y así fue como yo recorrí el bajo Manhattan: con un guía experto, en español, conociendo la cultura, arquitectura, política e innovación de la ciudad desde el corazón de Wall Street, y haciendo tan solo un aporte voluntario al final del recorrido, que en mi caso fue de $5,00.
La cita para tomar este tour, que recomiendo al 100%, es todos los días a las 11 de la mañana en frente del museo de los indígenas americanos (Museum of the American Indian). Allí ubican a los turistas en dos grupos: inglés y español y de inmediato empieza el recorrido por:
Wall Street
World Trade Center Memorial
Museum of the American Indian
New York Stock Exchange, Battery Park, Fraunces Tavern, Bowling Green, Federal Hall, Castle Clinton, Stone Street, Trump Building (40 Wall St), Woolworth Building, St Paul’s Chapel y mucho más.
Estatua de la libertad, 09:00
En definitiva esta era una de las partes del viaje que más esperaba. La estatua es poderosa, es imponente, no hay forma de no admirar su grandeza.
Es importante saber es que a la estatua, desde los ataques del 11 de septiembre, ya no es posible subir y tan solo se aprecia desde un ferry que navega a su alrededor. Y ojo, porque se ve lo mismo desde el ferry en el que el pasaje cuenta $9,00 o desde el que se aborda completamente gratis con destino a Staten Island en una estación en la que la oferta artística, al igual que en todos los rincones de NY, está a la orden del día.
VIDEO 1
Brooklyn
Al llegar de regreso a Manhattan, luego de haber paseado alrededor de la Estatua de la Libertad, decidí ir caminando hasta Brooklyn, no tenía prisa y sí muchas ganas de seguir conociendo la capital del mundo: aproximadamente hora y media caminando hasta llegar al Brooklyn Bridge, una de las edificaciones más representativas de Nueva York.
Cuando llegué allí, de inmediato se vino a mi mente esa escena de Sex and the City en la que Miranda se reconcilia con su esposo, él corriendo de Brooklyn a Manhattan y ella de Manhattan a Brooklyn, para al final reunirse en el punto intermedio del puente (una de mis escenas favoritas). Y bueno, si bien yo no viví ninguna historia similar, si disfrute al máximo mi recorrido.
Después de atravesar el puente caminé por el malecón y por las bohemias calles de Brooklyn, que hoy día se conoce como el Nuevo Manhattan.
Chinatown - siguiente día
Mi bienvenida a este pintoresco lugar la dio una señora asiática de edad avanzada, enfurecida, manoteando y gritando EN CHINO, un suceso que no tiene comparación ni tiene precio. Esta área de la ciudad, ubicada en pleno corazón de Manhattan y junto a la pequeña Italia (Little Italy), donde tuve una cena deliciosa, es una parada obligada para todos los viajeros de NY. Es un excelente lugar para comprar souvenirs y de más cosas para llevar de vuelta a casa a muy bajos precios. De la misma manera, para dejarse deleitar por todas las delicias que se exhiben en las vitrinas.
Desde
Chinatown se llega al
Queensbridge, acceso directo al distrito de
Queens.
Otra opción para acceder a esta zona de la ciudad (Queens), conocida por la gran cantidad de latinos que habitan en ella, es a través de un cable aéreo que se puede tomar con la misma tarjeta del Subway y que brinda una vista increíble.
Museos (Metropolitan Museum of Art - MET, Museum of Modern Art - MoMA y American Museum of Natural History)
Si bien los museos son un atractivo en el que la mayoría de viajeros se interesa, muchos otros con un presupuesto no tan grueso, deja de conocerlos ya que sus precios sugeridos de boletería varían entre $16,00 y $25,00. Pero atención, ese es un precio SU-GE-RI-DO, lo que significa que uno puede pagar lo que quiere (así sea un dólar, siempre y cuando pague algo).
Así fue como accedí a conocer el Metropolitan Museum of Art – MET, ubicado en 1000 Fifth Avenue. Este espacio artístico, por el que se recorre la historia de cada una de las partes del mundo, abre sus puertas martes, jueves y domingo de 09:30 a 17:30, y viernes y sábado de 9:30 a 21:00. Yo fui un miércoles en la tarde: al llegar, la chica de la taquilla me pidió los $20,00 dólares sugeridos para poder ingresar, sin embargo, como yo sabía ya el significado de "sugerido", entré por tan solo $3,00.
Otro dato de interés es que los viernes en la tarde, entre las 16:00 y las 20:00, el museo de arte moderno, MoMA, uno de los más visitados por propios y extraños, abre sus puertas al público completamente gratis. El resto de días el acceso cuesta $25,00.
Pero definitivamente en el que más me divertí fue en el museo de historia natural, American Museum of Natural History, ese que uno ve en la película Una noche en el museo. Este sí que es un plan imperdible. Al igual que MET, aunque el precio sugerido es $16,00, se pude pagar lo que uno estime conveniente.
Curiosamente, el sector de Manhattan en el que me estaba hospedando fue el penúltimo que recorrí. El Harlem es un barrio ubicado al norte de Manhattan y centro de residencia de cientos de los afroamericanos de NY. Este sector ha sido cuna de artistas representativos del jazz, el cine y la política.
Por las calles de este barrio el hip-hop es protagonista. La cultura afro (música, arte y comida) se viven en cada esquina. Sus habitantes, para mí, son personajes histriónicos que me divirtieron en cada conversación.
Vale mucho la pena conocer este sector de Manhattan al que pocos viajeros prestan atención.
The Bronk
Por último el popular Bronx. Debo ser honesta y aceptar que fui allí con un poco de temor por todas las historias que se escuchan respecto a este distrito, y también porque a uno de los sectores más peligrosos de Bogotá lo llama así. Sin embargo allá llegué, a conocer el estadio de los Yankees y el gueto neoyorquino. (Reconozco que no me tarde mucho y que no me adentré demasiado entre sus calles).
Y así terminó mi experiencia de 15 días perdida en Nueva York, una ciudad de la que regresé renovada y con mil ganas de seguir conquistando el mundo. Una vez más, agradezco a todos los que conocí, a todos lo que me brindaron una sonrisa y a la vida por haberme dado la oportunidad de cumplir un sueño.
¡Hasta la próxima New York! Con seguridad nos veremos otra vez.